EL FONDO ABISAL

                                                             LA ZONA ABISAL
Hace unos cuantos años, las profundidades marinas permanecían casi completamente ignoradas por el hombre, debido a la carencia de medios para explorar la enorme masa acuática; tan sólo la fantasía, la leyenda y la genial intuición reflexionaban sobre las formas vivientes y su distribución en los dominios abisales.
Con el desarrollo de la tecnología, el hombre ha podido asomarse a los fondos marinos y contemplar directamente la faz de la naturaleza en los niveles donde la distancia a la superficie impide la llegada de la luz solar: el reino de la oscuridad y la penumbra.
En la columna de agua que separa el fondo de la superficie marina se establece una gradación de los factores ecológicos. La luz, a profundidades superiores a los 400 metros, ha desaparecido por completo.

                                     EL PRIMER SONDEO EN LA ZONA ABISAL

El primer sondeo profundo fue realizado por sir John Ross en enero de 1840, en el Atlántico Sur, a bordo del Erebus. Utilizó una estacha de cáñamo de 6.600 metros amarrada a un eslabón giratorio para evitar la torsión durante el descenso. Resistía el peso de unos 30 kg de lastre de plomo y estaba enrollado al tambor de un torno, que podía girar libremente. En 1895 se habían realizado 550 sondeos a más de 5.500 metros de profundidad. Tras la primera Guerra mundial se dispuso del ecosondador, que determina la profundidad midiendo el tiempo de propagación del sonido en el mar (1.463 m/s). A mediados del siglo XIX prevalecía la teoría del naturalista inglés Edward Forbes (1815-1854). Su doctrina del cero de la vida animal afirmaba que a partir de los 500 metros no existía ningún ser vivo. Entre las principales expediciones que aportaron datos sobre la vida en aguas muy profundas está la del Challenger (1872-76), dirigida por el inglés Wyville Thomson, que demostró que había vida hasta los 5.000 metros de profundidad. Otras han sido la Meteor (1950-52), Danal I y II, Discovery I y II (1925), Galathea (1950-52), Nautile, Trieste, Kaiko y la más reciente Shinkai 6500, que llegó hasta los 10.900 metros, desde el cual, a 6.400 metros de profundidad, el científico James Hunt, avistó una extraña criatura sobre la que aún no se sabe casi nada.

                                              DEFINICIÓN DE LA ZONA ABISAL

La palabra abisal procede de abismo, lugar profundo y oscuro. Esta región se caracteriza por un ambiente frío, presión hidrostática extremadamente elevada, escasez de nutrientes y ausencia total de luz. Una fosa abisal se forma cuando la corteza oceánica subduce bajo la corteza continental con un leve ángulo de inclinación, lo que produce ruptura de la litosfera y la formación de una fosa.
Se denomina abisal o zona abisopelágica a uno de los niveles en los que está dividido el océano según su profundidad, está por debajo de la zona batipelágica y por encima de la hadopelágica y corresponde al espacio oceánico que se encuentra entre los 4.000 y 6.000 metros de profundidad. Es una zona oscura donde la luz solar no llega. 
La vida en estas zonas del océano está representada únicamente por animales, ya que los vegetales, al no contar con luz, no pueden habitarlas. En el fondo del océano no existe vegetación que realice la fotosíntesis, no existen algas verdes, esta zona depende en gran parte del particulado de detritos que cae desde la superficie, excepto en las zonas donde se presentan las chimeneas hidrotermales, que depende de la energía volcánica, en donde la producción primaria, depende de la quimiosíntesis que es desarrollada por especies bacterianas, presentes sobre el sustrato o los organismos presentes.
Esta zona morfológica de la geografía del fondo marino ocupa más del 70% del área total de los océanos. La temperatura alcanza en los fondos valores mínimos: nunca supera los 4°C y, en las zonas más profundas, se acerca a los cero grados. Finalmente, la presión adquiere un extraordinario aumento al descender en la masa de agua: por cada 10 metros de profundidad se incrementa en una atmósfera, lo que supone valores cercanos a las 1.100 atmósferas en las zonas más profundos. Para superar la gran presión, la mayoría de los peces abisales tiene el cuerpo lleno de agua. Los líquidos son casi incompresibles y, por lo tanto, los peces pueden aguantar el peso de la columna de agua simplemente  manteniendo igualadas las presiones externa e interna.
El oxígeno, por otra parte, decrece con la profundidad y, si en las zonas intermedias se encuentra disuelto en el agua en suficiente cantidad para soportar la vida animal, en algunas fosas abisales puede desaparecer por completo y originar regiones abióticas en las que únicamente es posible la existencia de bacterias anaerobias.

Dominio pelágico o columna de agua en los mares:

1. Epipelágica: menor de 200 metros.
2. Mesopelágica: de 200 a 1000 metros.
3. Batipelágica: de 1000 a 4000 metros.
4. Abisopelágica: de 4000 a 6000 metros.
5. Halopelágica: más de 6000 metros.

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