Mitos de las hienas

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Existen tres mitos acerca de las hienas, llenos de repugnancia de los textos primitivos.
En primer lugar, las hienas eran considerados animales carroñeros. En su historia natural Plinio el viejo (23-79 d.C.) se refería a ellos diciendo que era el único animal que excavaba las tumbas en busca de cadáveres. Conrad Gesner, el gran catalogador de la historia natural del siglo XVI, contaban que se atiborraban glotonamente al encontrar un cadáver, que sus panzas se hinchaban quedando tensas como un tambor. Después buscaban algún lugar estrecho entre dos árboles o dos piedras y estrujaban para atravesarlo, empujándose el resto de sus comidas simultáneamente por ambos extremos.
Como segundo insulto, las hienas eran generalmente consideradas como híbridos. Sir Wlater Raleigh las excluyo del arca de Noé dado que creía que Dios sólo había salvado pura sangres. Las hienas fueron reconstruidas tras el diluvio por la unión antinatural de un perro y un gato. De hecho, las tres especies actuales de hienas forman una familia propia en el seno del orden Carnívoros sus parientes más próximos son los mustélidos (las comadrejas y sus afines).
Como tercer y último mito, en su cuartilla y como mayor de las injusticias, muchos escritores antiguos afirmaban que las hienas eran hermafroditas, siendo portadoras de órganos tanto masculinos como femeninos. Los bestiarios medievales, en su continuo intento de extraer deducciones morales de la depravación de las bestias, se concentraron en esta ambivalencia sexual. Un documento del siglo XII, traducido por T. H. White, declaraba:
Dado que ni son machos ni hembras, no son ni fieles ni paganos, sino que son evidentemente el pueblo acerca del que Salomón dijo: <<Un hombre con dos mentes es inconstante en todas sus costumbres>>. También el señor dijo: <<no se puede servir a Dios y a Mammón>>


Nota: Mammón es uno de los demonios relacionado con los 7 pecados capitales. 

Stephen Jay Gould. 

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