El mar de la ignorancia. Lo que no sabemos del mar

El océano. Después de siglos de navegación por sus aguas, quizá pensaríamos que no hay nada más por descubrir en ellas. Sin embargo según las estimaciones de científicos como Marcia K. McNutt, directora del instituto de investigación del Acuario de la Bahía de Monterrey, California (MBARI, por sus siglas en inglés) alrededor del 95% del océano permanece inexplorado.
He aquí algunos puntos del mar de ignorancia en que estamos sumergidos:
·         * Aunque es imposible (e irrelevante) establecer una fecha de inicio de la investigación del océano, dado que el hombre se ha acercado a este para conocerlo y verse beneficiado con sus recursos prácticamente desde que apareció sobre la Tierra, la ciencia de la oceanografía como tal data de finales del siglo XIX, en particular a partir de la primera expedición con fines fundamental, pero no exclusivamente, científicos: la corbeta británica Challenger. Si se reunieran todos los datos oceanográficos que desde entonces se han medido y recolectado, la cantidad de información sería equivalente a la recopilada rutinariamente por los meteorólogos en unos cuantos días.
·        *  Hasta el siglo pasado, el fondo marino permaneció prácticamente inexplorado. La primera cartografía oceánica mundial solo pudo realizarse una vez que se inventaron instrumentos, como la ecosonda, que aprovechan el hecho de que el agua es un excelente transmisor del sonido para describir el relieve y composición del piso oceánico. No obstante, a la fecha solo un 10% del piso oceánico ha sido cartografiado con una resolución similar a la realizada por la sonda Magellan en el caso de la superficie del planeta venus. Si la superficie terrestre estuviera descrita con la resolución con la que contamos para el caso del piso oceánico, ello significaría que montañas enteras no aparecerían en nuestro mapa.
·       *  Se desconoce la fisiología y el comportamiento de la mayoría de los organismos marinos que habitan a grandes profundidades, alcanzadas sólo mediante el uso de submarinos. Esto se debe principalmente a dos razones: 1) en todo el mundo hay únicamente un puñado de naves, como los sumergibles Alvin y Wasp (ambos estadounidenses), diseñadas para la observación de estos seres vivos en su habitad; 2) la adaptación de los organismos a un rango muy específico de temperatura, salinidad y, sobre todo, altas presiones dificulta en extremo reproducir las condiciones necesarias para mantenerlos con vida en laboratorio.
·        *  Estimaciones moderadas indican que faltan por descubrir y nombrar alrededor de 360 000 de las 400 000 especies de algas marinas. La situación es peor en el caso del océano profundo: los biólogos Frederick Grassle y Nancy Maciolek consideran que el número de especies de seres vivos que habitan en él muy posiblemente sea mayor a 1 millón, e incluso puede que exceda a los 10 millones. Esta biodiversidad coloca al océano profundo en el mismo nivel que la selva tropical.
·      *Los científicos creen que todavía se desconocen la mayor parte de las especies de medusas y ctenóforos (estos últimos conocidos comúnmente como nueces o peines de mar) una de las razones es que estos organismos son demasiados frágiles como para recolectarlos desde lanchas o barcos con redes; en consecuencia, los investigadores tienen que bucear y atraparlos en su medio, metodología sumamente lenta e ineficiente. Así, no fue hasta 1985 cuando se descubrió a Stygiomedusa fabulosa, medusa que necesito un tanque de 200 litros para ser transportado al laboratorio.

                                                   Stygiomedusa fabulosa

   Por lo menos con respecto a las tres cuartas partes de nuestro planeta, seguimos en una situación a la que se aplica perfectamente lo dicho hace dos siglos por el naturalista T. H. Huxley: <<La investigación de la naturaleza es un campo de pastoreo infinito, de donde todos pueden nutrirse, y cuanto más comen, más abundante crece la hierba, su sabor es más dulce, y más alimenticia. >>


Bibliografía


Plata Rosas, Luis Javier (2006) mariposas en el cerebro. México, D.f, EDITORIAL Paidós.  

Véase también "El fondo abisal" 

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