El origen de las serpientes: ¿Un antepasado terrestre, acuático o excavador? (PARTE III)


Esta es la última parte del origen de las serpientes que fue dividido en tres partes, la primera que fue “El origen de las serpientes: un indudable parentesco con los lagartos” y luego la segunda cuyo título fue “El origen de las serpientes: en busca de un antepasado” y culminamos con “El origen de las serpientes: ¿Un antepasado terrestre, acuático o excavador?”
¿Cómo pudieron los lagartos dar origen a las serpientes? Se han apuntado tres hipótesis: que las serpientes descienden de  los lagartos terrestres, de los acuáticos o de los excavadores.
La primera hipótesis, el origen terrestre, ha sido descartada al no haber un argumento sólido que la apoyara.
Algunos paleontólogos han avanzado la teoría de un origen acuático de las serpientes, al considerar que los monosaurios, dolicosaurios y aigialosaurios del Cretácico están próximos al antepasado de las serpientes. Todos ellos fueron varanoides acuáticos (o incluso marinos), y la adaptación de un ambiente acuático nunca ha dado lugar a una reducción significativa de las extremidades en el caso de los reptiles.
No obstante, la teoría de un origen acuático no ha sido descartada por completo, ya que los fósiles que parecen estar más estrechamente emparentados con las serpientes han sido encontrados en sedimentos de origen marino.
    Pachyophis woodwardii, fósil encontrado en Bosnia Herzegovina 


La tercera hipótesis, la de un antepasado excavador, es la que tiene mayor aceptación entre los científicos. Inicialmente se basan en el carácter excavador de las serpientes primitivas y en el hecho de que los lagartos excavadores suelen ser serpentiformes.
Los estudios de la retina han apoyado esta hipótesis. El reforzamiento de la caja craneal de las serpientes, la pérdida de movilidad entre sus diversas regiones y elementos tales como la presencia de arcos temporales concuerdan con la teoría del paso por una fase excavadora, ya que los lagartos excavadores presentan las mismas modificaciones.
En cambio, la unión de los huesos de la mandíbula superior y del paladar con el cráneo, muy laxa en las serpientes, es incompatible con la vida subterránea. Por consiguiente, hay que aceptar que la consolidación de la caja craneal es una herencia de un pasado excavador, mientras que la movilidad de la mandíbula superior y del paladar es una adquisición posterior.
Además el alargamiento del cuerpo y las pérdidas de las extremidades son adaptaciones tanto a la excavación como a la incursión en las madrigueras y fisuras en las que se refugian los pequeños mamíferos, presas probables de los antepasados de las serpientes.
Apoyándose en las dos últimas hipótesis, actualmente se supone que los antepasados de las serpientes, semiacuáticos y semiexcavadores, vivían en el fango, como lo hacen algunos anfibios ápodos actuales.
                      Ejemplo de anfibios ápodos  





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