En Busca de la Célula

                                                 

                                       Primeras celdillas vista por Robert Hooke

La comprensión humana de la naturaleza celular de la vida llegó lentamente. En 1665 el científico e inventor inglés Robert Hooke informó sobre sus observaciones con un microscopio primitivo. Dirigió este instrumento a un “trozo de corcho... extremadamente delgado” y vio “multitud de cajitas”. Hooke llamó a esas cajas “células” (celdillas) porque pensó que se parecían a los diminutos cuartos, o celdas, donde habitaban los monjes. El corcho proviene de la corteza exterior seca del alcornoque, una especie de roble del Mediterráneo. Hooke escribió que, en los robles vivos y otras plantas, “estas células están llenas de jugos”.



En la década de 1670, el microscopista holandés Anton van Leeuwenhoek construía sus propios microscopios simples y observaba un mundo hasta entonces desconocido. Sus descripciones de la miríada de “animalúculos” (como él llamó a los protistas) que viven en el agua de lluvia, de estanques o de pozos, causó gran conmoción, porque el agua se consumía sin ningún tratamiento en esos días. Hizo cuidadosas observaciones de una extensa gama de especímenes microscópicos, como glóbulos rojos, espermatozoides y los huevecillos de insectos pequeños como gorgojos, pulgones y pulgas. Sus descubrimientos fueron un duro golpe para la creencia común en la generación espontánea; en esa época, se creía que las pulgas ¡salían espontáneamente de la arena o del polvo, y los gorgojos, de los granos!


Pasó más de un siglo antes de que los biólogos comenzaran a entender el papel que las células desempeñan en la vida del planeta. Primero, los microscopistas notaron que muchas plantas constan en su totalidad de células. La gruesa pared que rodea a todas las células vegetales, observada por primera vez por Hooke, facilitó sus observaciones. Las células animales, en cambio, no fueron percibidas sino hasta la década de 1830, cuando el zoólogo alemán Theodor Schwann vio que el cartílago contiene células que “se parecen exactamente a (las células de las) plantas”.



 En 1839, después de años de estudiar las células, Schwann se sintió lo bastante confiado como para publicar su teoría celular, que designaba a las células partículas elementales, tanto de plantas como de animales. Para mediados del siglo XIX, el botánico alemán Matthias Schleiden refinó aún más la perspectiva científica de las células cuando escribió: “Es... fácil percibir que el proceso vital de las células individuales debe constituir la primera y absolutamente indispensable base fundamental” de la vida.


Desde los esfuerzos pioneros de Robert Hooke y Anton van Leeuwenhoek, biólogos, físicos e ingenieros han colaborado en la invención de diversos microscopios avanzados para ver la célula y sus componentes:
Los microscopios ópticos usan lentes, casi siempre de vidrio, para enfocar y amplificar los rayos de luz que pasan a través de un espécimen o bien rebotan en él. Estos microscopios proporcionan una amplia gama de imágenes, dependiendo de la forma en que se ilumine el espécimen y de si se le ha teñido o no. La capacidad de definición de los microscopios ópticos, es decir, la estructura más pequeña que puede verse, es de aproximadamente 1 micra (una millonésima de metro).

Los microscopios electrónicos utilizan haces de electrones en vez de luz. Los electrones se enfocan con campos magnéticos, no con lentes. Algunos tipos de microscopios electrónicos pueden distinguir estructuras de unos cuantos nanómetros (milmillonésimas de metro). Los microscopios electrónicos de transmisión (TEM, por sus siglas en inglés) hacen pasar electrones a través de un espécimen delgado y pueden revelar los detalles de la estructura celular interior, incluidos los organelos y membranas plasmáticas. Los microscopios electrónicos de barrido (SEM; Por sus siglas en inglés) rebotan electrones de especímenes que se han recubierto con metales y proporcionan imágenes tridimensionales. Los SEM pueden servir para ver los detalles superficiales de estructuras cuyo tamaño varía desde insectos enteros hasta células e incluso organelos.



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