Razón y creencia


Los seres humanos tienen toda clase de creencias. La forma en la que arriban a ellas varía desde argumentos razonados a la fe ciega. Algunas creencias están basadas en experiencias personales, otras en la educación, y otras en el adoctrinamiento. Muchas creencias son sin duda innatas: nacemos con ellas como resultado de factores evolutivos. Sentimos que podemos justificar algunas creencias, otras las mantenemos por cuestión de “tripas.”
Obviamente muchas de nuestras creencias están equivocadas, o porque son incoherentes, o porque entran en conflicto con otras creencias o con los hechos. Dos mil quinientos años atrás en la antigua Grecia, fue hecho el primer intento sistemático para establecer alguna clase de fundamentos comunes para las creencias. Los filósofos griegos buscaron un medio de formalizar el razonamiento humano proveyendo reglas de deducción lógica incuestionables. Adhiriéndose a procedimientos acordados de argumentos racionales, estos filósofos esperaron remover la confusión, los malos entendidos y las diputas que caracterizan los asuntos humanos. El mayor objetivo de este esquema era arribar a un conjunto de suposiciones, o axiomas, los cuales cualquier hombre o mujer razonables aceptaría, y a partir del cual la resolución de todos los conflictos podría encararse
Tiene que ser dicho que este objetivo nunca fue logrado, aún si fuera posible. El mundo moderno, hoy más que nunca, está plagado de una gran diversidad de creencias muchas de ellas excéntricas o aún peligrosas, y los argumentos racionales son considerados por mucha gente como una sofisticación sin sentido. Sólo la ciencia, y especialmente la matemática, han sostenido los ideales de los filósofos griegos (y la filosofía misma, por supuesto).


Cuando se llega a tratar los temas realmente profundos de la existencia, como el origen y significado del universo, el lugar del ser humano en el mundo, y la estructura y organización de la naturaleza, hay una fuerte tentación de retroceder a las creencias no razonadas. Aún los científicos no son inmunes a esto. Sin embargo hay una larga y respetable historia de confrontar tales temas por medio de un análisis racional y desapasionado. ¿Cuán lejos pueden llevarnos los argumentos desapasionados? ¿Podemos realmente esperar responder las últimas preguntas de la existencia a través de la ciencia y la búsqueda científica y racional, o siempre encontraremos algún misterio impenetrable en alguna etapa? ¿Y qué es la racionalidad humana?


Del libro de Paul Davies "La mente de Dios".