Semillas: la vida en cápsulas de tiempo

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En 2008, Sarah Sallon y sus colaboradores anunciaron en la revista Science que habían logrado germinar una semilla de palmera datilera (Phoenix dactylifera), rescatada de la fortaleza de Masada, cerca del mar Rojo, donde los romanos sitiaron a un grupo de judíos hace más de 2.000 años. No era el primer anuncio de la germinación de semillas de cientos de años de antigüedad, pero este estudio tenía una especial fiabilidad porque la edad, datada por radiocarbono, se determinó directamente a partir de las semillas y no de otros materiales presentes en el yacimiento. Las semillas pueden, pues, viajar en el tiempo. Las semillas también viajan, claro está, a través del espacio. Hay tantos ejemplos que es difícil elegir. Las islas oceánicas, por ejemplo, que son de origen volcánico -como Hawái, Canarias o las Galápagos- se colonizaron con semillas que fueron llegando de los continentes salvando la barrera geográfica marina que las separaba. Es decir, el hecho de que las islas oceánicas no sean hoy desiertos es prueba de que las plantas, y específicamente sus vehículos, las semillas, se desplazan a través del espacio. Cada ejemplar del árbol del cielo (Ailanthus altissima), originario del este de China, puede producir más de 300.000 semillas aladas cada año; lo que unido a su activa producción de chupones (vástagos aéreos) a partir de raíces explica que se considere una de las especies más invasoras. Seguir leyendo...